lunes, 29 de septiembre de 2014

Reseña de "Una mirada al siglo XX" de Rui Vaz de Cunha


Una mirada al siglo XX: Los memorables de Vázquez Díaz.
Rui Vaz de Cunha
Ed. Romero Libros, 2013

Rui Vaz de Cunha es un autor inventado. Doy aviso de ello a los lectores que se acerquen a la última obra de este portugués apócrifo, titulada Una mirada al siglo XX: Los memorables de Vázquez Díaz. En efecto, detrás de este nombre, de este heterónimo, están dos escritores muy dados a la provocación, Jaime-Axel Ruiz Baudrihaye e Ignacio Vázquez Moliní.

Por separado, estos autores han escrito y firmado con sus verdaderos nombres diversas obras de narrativa y ensayo. Historias de Almonaster o La embajada Roja en Lisboa de Vázquez Moliní y Declaración de ausencia o Comunistas y Pilaristas de Jaime Ruiz son algunos ejemplos. Juntos, firmando como Rui Vaz de Cunha, han publicado Lisboas y Elogio de Bruselas. Dos libros donde se mezcla la narración de sucesos y anécdotas; donde se relatan acontecimientos históricos, reales o novelados, y donde se aporta una exhaustiva y valiosa información sobre los lugares objeto de sus peripecias. Todo ello, convierte a estos dos libros en dos guías literarias, llamémoslas así, esenciales para conocer en profundidad el paisaje y al paisanaje de esas ciudades tan distintas y, al tiempo, fundamentales para comprender la crónica del ayer y de nuestros tiempos.

Desde que Rui Vaz de Cunha publicara su primer libro, los tres autores, los dos reales y el de ficción, han seguido, como digo, escribiendo y publicando. Ahora, con este tercer libro de Rui Vaz de Cunha basado en la figura del pintor Vázquez Díaz, a los que hemos seguido esta trayectoria laberíntica nos asalta la duda y la inquietud. Porque Rui Vaz de Cunha ya no es sólo una firma o un nombre falso. Éste Rui Vaz ha ido tomando vida, detrás de su apellido hay una historia personal, una familia, una existencia cada vez más real y menos ficticia. De esta forma, como si de un vampiro o un alien se tratara, pareciera que Rui Vaz de Cunha se está apoderando poco a poco de las almas creativas de Jaime Ruiz e Ignacio Vázquez Moliní hasta que sólo quede uno y ese uno no sea otro que Rui Vaz de Cunha.

Cierto es que existen sectores doctrinales que opinan que Rui Vaz de Cunha es una artimaña ideada por Ignacio Vázquez Moliní y Jaime Ruiz para confundir a la hacienda pública y evadir los impuestos que obtienen por las ventas millonarias de sus libros. Pero no seré yo quien levante falsos testimonios. Dejando el humor a un lado, es necesario anotar que el libro que nos ocupa es un libro escrito con gran oficio literario, bien estructurado y de fácil lectura, lo cual es un sello de identidad del portugués apócrifo. El libro contiene cincuenta y siete retratos literarios extraídos de los retratos de los personajes que pintara el onubense, o mejor dicho, el artista de Nerva (qué es igual pero no es lo mismo), Daniel Vázquez Díaz.

A cada personaje se le dedica apenas tres páginas. En tan breve espacio se nos proporciona información no sólo sobre aspectos destacados de los personajes con los que nos topamos sino de facetas, situaciones, sucesos y anécdotas poco o nada conocidas de los protagonistas. Ello convierte al libro en un complemento necesario para conocer la personalidad de las figuras que retrató Vázquez Díaz y acercarnos a ellos de una forma diferente, sabiendo que todos forman parte importante de nuestro acervo cultural. Poder encontrarnos con esa otra cara de los personajes es lo que proporciona al libro su vitalidad, además de hacerlo ameno y heterogéneo.

El Conde de Romanones, Unamuno, Valle-Inclán, Gregorio Marañón, Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez, Gómez de la Serna, Gerardo Diego, Joaquín Ruiz Jiménez, González Ruano, etc, fueron retratados por Vázquez Díaz, con más o menos urgencia, en ese afán del pintor onubense por plasmar los rostros de aquellos egregios coetáneos con los que se topaba en su quehacer como artista o simplemente como testigo de una época. Destacar aquí que muchos de ellos fueron miembros del Ateneo de Madrid e incluso llegaron a ocupar cargos importantes en esta institución donde el pasado 29 de abril se presentó en Madrid este libro de retratos literarios y, al unísono, de divulgación histórica.

En efecto, numerosos personajes de este libro fueron parte de la espina dorsal de la cultura y política española del siglo XX. Muchos de ellos de ese magnífico período que fue el primer cuarto del siglo XX y al que se ha denominado Edad de Plata de la Cultura española. A ellos se les unen otros personajes extranjeros: músicos, escritores, artistas plásticos,… que dejaron su relevante impronta en el bagaje cultural de Europa.

El interés de este libro radica, en mi opinión, en la reivindicación de la figura de Vázquez Díaz, en la relevancia histórica y cultural de los personajes que salen de sus retratos para llenar las páginas de este libro y por último, como siempre sucede en de Cunha, en esos matices de la historia o debiera decir de la intrahistoria, que nos dan la talla humana e intelectual de estos personajes. Porque a Rui Vaz de Cunha le gusta fijarse, como diría Nieves Concostrina, en las menudas historias de la historia.

Sólo queda, pues, recomendar la lectura de este nuevo libro del decadente autor portugués, especie de hipostasis tras la que existen simultáneamente tres personas distintas. Como lector quedo a la espera de la próxima obra de Rui Vaz de Cunha y también con la intriga por saber quién de los tres escritores, como en la saga Los inmortales (Highlander en V.O) del director australiano Russell Mulcahy, conservará su cabeza literaria sobre sus hombros. Pues ya sabemos que “sólo puede quedar uno”. ¡Se abren las apuestas! © Francisco J. Castañón

sábado, 27 de septiembre de 2014

"Operación marquesinas" de reemplazo



  
Este verano los vecinos de Madrid han observado con asombro cómo están siendo sustituidas las marquesinas de las paradas de autobús por otras nuevas e “inteligentes”. Las antiguas, de ese marrón sufrido al que estábamos acostumbrados, van desapareciendo magnis itineribus (a marchas forzadas) del paisaje urbano.

El caso es que el Ayuntamiento de la capital ha decido cambiar las 4.265 marquesinas actuales por otras más modernas a las que se han incorporado flamantes tecnologías de la información y la comunicación, como un panel de tinta electrónica, un sistema de audio sobre datos turísticos, código QR y Wifi gratuito. O sea, un potosí.

Las redes sociales denuncian que las anteriores no se encontraban tan deterioradas como para cambiarlas, que no existía demanda social para realizar este trasiego y que estamos ante un despilfarro de dinero público, el cual hubiera sido mejor empleado en servicios a la ciudadanía que en los últimos años, debido a la crisis, se han visto recortados o incluso han desaparecido. También señalan que en relación con el diseño habría mucho que opinar pues, según su criterio, no es tan funcional como parece. Algunos van más allá, ya que el separador introducido en los asientos no sólo no sirve como respaldo sino que parece estar ideado para evitar que alguien pueda tumbarse, por lo que ha sido bautizado como el separador anti-indigentes.

La Unión Temporal de Empresas formada por Cemusa (JCDecaux) y El Mobiliario Urbano SLU, será la entidad concesionaria de las marquesinas por los próximos 13 años. Dicha UTE licitó sin competidores y ganó el concurso, con un presupuesto de 150 millones de euros, que le concede la explotación del diseño, fabricación, mantenimiento y de la publicidad que se exponga, así como de los postes de las paradas del bus. Tras la última remodelación en las empresas públicas municipales, la gestión de las marquesinas de los autobuses ha vuelto a estar en manos de la EMT. Según los responsables municipales esta “operación marquesina” no costará al Ayuntamiento de Madrid un solo euro, por el contrario ingresará 12 millones al año en las arcas públicas.   

Muchos usuarios piensan, sin embargo, que la proximidad de elecciones municipales y autonómicas está detrás de este tipo decisiones. De hecho hay quien todavía no se atreve a usarlas aunque estén colocadas al lado de las antiguas aún sin retirar, por aquello de que tenga que venir alguna autoridad a inaugurarlas antes de que se puedan sentar en ellas a esperar el autobús.

©      Francisco J. Castañón

jueves, 25 de septiembre de 2014

Reseña de "El regreso de El Lobo" de Fernando Rueda

El regreso de El Lobo
Fernando Rueda
Roca Editorial, 2014


La nueva novela de Fernando Rueda, El regreso de El Lobo, ha llegado a las librerías. Autoridad en materia de espionaje, ha publicado numerosos libros periodísticos sobre el opaco mundo de las agencias de inteligencia. Hace cuatro años dio el salto a la narrativa con La voz del pasado. Ahora, Fernando Rueda vuelve a atraparnos con una novela trepidante que una vez empezada no puede dejar de leerse.
 
El género de espionaje ha estado siempre a medio camino entre la novela negra y el thriller político. Cultivado sobre todo por escritores anglosajones, tuvo gran acogida durante la guerra fría. Es el caso de Frederick Forsyth, Graham Greene o John le Carré. Con El regreso de El Lobo, Fernando Rueda consigue dar actualidad a la literatura de espionaje y situarla en la primera división de nuestras letras.

Sobre esta novela, Julia Navarro se ha preguntado “donde acaba la ficción y comienza la realidad, o al revés”. A esa cuestión sólo puede responder el autor. Lo que sin duda destaca es la verosimilitud de la trama, pegada a una realidad bien documentada, en la que no hay sitio para especulaciones tipo Dan Brown. Ser verosímil y, al tiempo, nada previsible proporciona a esta novela la fuerza centrífuga que atrapa al lector.

Así como Ian Fleming construyó a James Bond a partir de Yeo-Thomas, espía británico de la II Guerra Mundial cuyo nombre en clave era “Conejo Blanco”, el epicentro de la novela de Fernando Rueda radica también en su protagonista, inspirado igualmente en un personaje real, el espía Mikel Lejarza, “El Lobo”. Miembro de los servicios secretos españoles, Lejarza hizo historia al infiltrarse hace 40 años en ETA y desencadenar la detención de 200 terroristas. Por ello, ETA aún tiene guardada una bala para Lejarza. Esperemos que nunca ocurra lo que sucedió con Denis Donaldson, agente del MI5 infiltrado en el IRA, al que asesinaron tras llegar la paz a Irlanda del Norte.

Con un pie en la historia y otro en la ficción, Fernando Rueda reactiva a Mikel Lejarza en una fecha señalada, el 11-S, y le introduce de lleno en los acontecimientos que provocará la respuesta de Estados Unidos, con sus luces y sombras, a la agresión de Al Qaeda. Dubái, Guantánamo, Nueva York, Afganistán,…. son “los exteriores” de esta obra que ha sido escrita para leerse con la intensidad de una novela de espías.

El regreso de El Lobo es asimismo la prospección psicológica de su protagonista. Un hombre de potente personalidad, de muchas caras y bastantes aristas, habituado a la clandestinidad, herido por las renuncias, difuminado por la cirugía estética, al que no permiten acudir al entierro de su madre, siempre a la huida, en constante búsqueda de su verdadera identidad y su lugar en el mundo. Para elaborar con minuciosidad un personaje tan complejo, el autor confiesa haber estado durante meses “en contacto con un psicólogo clínico especialista en este tipo de personalidades”. Un personaje que predomina, pero no eclipsa a los que van surgiendo en las páginas del libro.
 
A pesar de todo, Mikel Lejarza no abandona el mundo del espionaje. Como explica Fernando Rueda “este tipo de vida crea adicción, no puedes vivir sin la sensación de riesgo, de ponerte en situaciones límite, aunque seas consciente de que los daños psicológicos se terminan convirtiendo en físicos, no puedes evitarlo”. Lo cual nos conduce al interrogante sobre si un espía puede dejar de serlo alguna vez.

En la soledad propia del lobo estepario, Mikel, siempre infiltrado entre terroristas, narcos o traficantes, se siente asqueado de estar en el lado oscuro de la verdad oficial. Sin embargo, sumido en este juego de lealtades y valores, deberá realizar una elección crucial ante la amenaza de un nuevo atentado más mortífero que los del 11-S. Quizá porque aún no se ha deshumanizado, como cabría pensar.

Por otro lado, su carácter enigmático, debido a su doble vida, y de hombre de acción, confiere al protagonista un enorme atractivo para las mujeres. Aunque si el protagonista fuera mujer, observa el autor, ejercería la misma atracción en los hombres.

Anotar, por último, que esta novela es de algún modo un homenaje a esos agentes de carne y hueso que se juegan la vida a diario. No sabemos si esta novela es el inicio de una saga. Por ahora es un enigma literario. Como subraya Fernando Rueda “una vida como la de Mikel Lejarza da para muchas novelas”. De momento, lo que si podemos confirmar es que El Lobo ha vuelto.
 

En Estrella Digital © Francisco J. Castañón



miércoles, 24 de septiembre de 2014

Presentación de "El regreso de El Lobo" de Fernando Rueda



La última novela de Fernando Rueda ya está en las librerias.

La presentamos el pasado 10 de septiembre en el Ateneo de Madrid.

La presentación en el Ateneo puede verse en Youtube:




En el periódico Estrella Digital escribí una reseña del libro.
http://www.estrelladigital.es/articulo/espanha/lobo-regresa-leyenda/20140916180204210721.html

martes, 23 de septiembre de 2014

Reseña de "La luz que oculta la niebla" de José Guadalajara



La luz que oculta la niebla
José Guadalajara
Bahodón Ediciones, 2012


La luz que oculta la niebla es la nueva novela de José Guadalajara, un autor consolidado que ha publicado ya cuatro novelas históricas y dos libros dedicados al mito del Anticristo. Media docena de obras elaboradas con rigor y esmero, a las que ahora se une una novela de amor. Porque José Guadalajara abandona sus temas habituales para ofrecernos una historia de amor o como dice Fernando Marías de esta obra “una novela de desamor”.

Sin embargo, la temática amorosa que impregna la novela trae a la memoria aquella idea que expresara Paul Eluard sobre su poesía: “todos mis poemas son poemas de amor”, aunque en la poesía del maestro francés como en las páginas de esta novela de José Guadalajara encontremos mucho más que amor. De hecho hay que profundizar, casi escarbar en el texto para encontrar el núcleo sobre el que gira la obra. Así, podemos observar como el erotismo emerge junto al amor en el relato y otros temas de carácter trascendental como el paso del tiempo o la muerte aparecen igualmente en la novela.

Aunque pueda parecer una obviedad conviene decir que esta novela está muy bien escrita. Hace poco el premio Nobel Mario Vargas Llosa afirmaba que “ya no se escribe para la eternidad”. La aseveración puede parecer grandilocuente, pero frente a esa literatura tan extendida en la actualidad que se escribe y publica con el único fin de distraer al público lector hay otra literatura hecha para perdurar, para ser leída y apreciada con la misma vigencia hoy y en el futuro, para resistir al tiempo. La novela de José Guadalajara pertenece a este último tipo de literatura. El veredicto final lo dictaminarán aquellos que se acerquen a sus páginas, pero sin duda estamos ante una obra que merece la pena ser leída.

En esta novela el autor no se limita tan sólo a relatar una serie de acaecimientos, ya que de ella podemos extraer cosas que son igualmente dignas de nuestra atención: su riqueza léxica, sus referencias culturales, los lugares en los que acontecen sus episodios, la invitación a conocer dichos lugares, el humor inteligente que destilan algunos de sus pasajes, etc.

La novela de Guadalajara es también una de esas novelas con las que se aprende a escribir. Aseveraba Cela que no existe un método para aprender a escribir una buena novela, cada escritor debe forjar su propio método. Por ello, sin minusvalorar la labor que hoy en día desarrollan numerosos talleres de escritura, seguramente la mejor escuela para aprender a escribir es leer buenos libros y La luz que oculta la niebla es un buen libro, literatura de calidad, muy recomendable para quienes además de avezados lectores quieren adentrarse en el ejercicio de la escritura.

La novela está bien construida, bien estructurada, los diálogos son fluidos y no estorban el discurrir del relato, el juego temporal entre presente y pasado -que como ya nos advirtió Arnold Hauser impregna la narrativa moderna desde la aparición del cine- también tiene su reflejo en la novela de Guadalajara, donde la intriga se mantiene hasta las últimas páginas dando una solución inesperada al desarrollo de la trama.

Aunque lo que destaca por encima de todo, en el ámbito de los personajes de la novela, es el reto que afronta el escritor al dar vida a un personaje femenino que es la protagonista de esta novela. Un reto del que el autor sale bien parado, pues no es tarea fácil para un escritor varón conseguir dar voz y protagonismo a un personaje femenino. Sin embargo, como se ha mencionado, Guadalajara elabora y desentraña a su protagonista con enorme acierto. En definitiva, y parafraseando en positivo a su protagonista, podríamos decir que nos gusta el personaje y la trama no se nos hace densa.

Sólo queda, pues, recomendar la lectura de esta novela en la que se unen entretenimiento, intriga y buena literatura.
© Francisco J. Castañón